Piense bien antes de hablar mal de un Pastor

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 ¿Cómo fue su último domingo?

Probablemente usted dio atención a su familia, descansó y arregló sus cosas. Pero, ¿usted sabía que ese es el día en que el pastor y su esposa más trabajan?

¿Usted ha dormido bien sus noches?

Muchos pastores sacrifican sus madrugadas desde hace años, en las programaciones de radio y TV para ayudar a personas afligidas.

¿Cómo fueron sus últimas vacaciones?

Mmm… Visitó a sus parientes, conoció nuevos lugares y durmió hasta tarde. El pastor de la Universal no tiene vacaciones. Él pasa meses y años seguidos dedicándose a su vocación: ganar almas.

¿Cuándo fue que usted se detuvo durante horas a oír problemas de una persona desconocida?

El pastor y la esposa hacen eso todos los días. Incluso, atienden y cuidan de personas hasta con enfermedades contagiosas.

Usted elige su ciudad para vivir y su clima preferido.

El pastor es capaz de vivir feliz en una gran ciudad, en un valle en el campo o en una ciudad del interior. A veces, está trabajando en un barrio noble, otras veces en una comunidad violenta.

En el mismo día, él ora bendiciendo a una persona feliz porque se va a casar, pero también sufre con otra que llega angustiada por haber acabado de perder a un familiar.

Todo el tiempo él tiene su mente ocupada en que más él puede hacer para bendecir al pueblo. Sube al altar consciente que corre riesgos de ser mal interpretado, juzgado y criticado.

Para un pastor hacerse un chequeo de salud es una lucha, pues él es capaz de sacrificar hasta su salud para trabajar.

Veo personas intituladas “evangélicas” muy sin temor en sus colocaciones, ¡principalmente en contra de los hombres de Dios!

No puedo dejar de hacer una pregunta: ¿dónde ustedes estaban cuando ese joven hombre tuvo coraje para dejar todo – sus estudios, su futuro y su familia?

¿Dónde estaban ustedes mientras él hacia una reunión tras otra, en lugares públicos, plazas, cárceles, comunidades etc.?

¿Dónde estaban ustedes cuando él tuvo fe para dejar su país e irse al otro lado del mundo sin ni siquiera hablar el idioma?

Antes de hablar mal o burlarse de un pastor, ¿qué tal pensar en eso?

Quizás lo máximo que usted haga, más allá de dedicar su tiempo totalmente a usted mismo, sea frecuentar la Iglesia dos veces a la semana.

Si usted piensa que su pastor es ineficiente en algo – pues a fina de cuentas todos lo somos – ¿qué tal orar por él? Pues con certeza él ora por usted (por el pueblo) en lugar de orar por si mismo.

Fuente: cristianecardoso.com

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