Por qué Dios permite que buenas personas mueran a temprana edad

cementerio

Una niña es atropellada por un conductor ebrio, que tiene un largo histórico criminal. Ella muere, él vive.

Historias como esta son muchas. Un niño, un adolescente, un joven, alguien aún en el auge de su vida, es arrebatado por la muerte dejando a sus entes queridos en estado de shock. Una persona que nunca hizo daño a nadie, que hacía con que el mundo fuera un lugar mejor sólo por ella estar viva, de repente es estúpidamente llevada.

Un inconsolable sentimiento de pérdida, el dolor de la injusticia, y preguntas sin respuestas son seguidas por la rabia. Tarde o temprano, alguien pregunta: “¿Por qué Dios permitió que esto sucediera? ¡Él (ella) era una buena persona!”

No escribo esto para intentar consolar a alguien que en este momento está desconsolado por tal pérdida. Creo que no lograría hacerlo. Pero este versículo con el cual me deparé esta mañana podría ayudarle a entender lo incomprensible un poco mejor:

El justo perece, y no hay quien se preocupe; los hombres piadosos son arrebatados, sin que nadie comprenda que ante el mal es arrebatado el justo, y entra en la paz. Isaías 57:1

En nuestra limitada mente humana, creemos que la manera que una persona vivió sus últimos dos, cinco, o diez años es una garantía de cómo serán sus futuros años. Pero Dios sabe mejor. Y como un favor a esa persona, Él interviene antes que el mal pueda tocar en su vida.

Por supuesto, en este proceso de ser bueno para con aquél justo, Él parece ser un Dios malvado e insensible ante sus entes queridos.

Pero, hasta en la muerte, necesitamos recordar que hay más de una versión para cada historia.

Obispo Renato Cardoso

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