¿Por qué el mejor camino no es el más fácil?

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¿Cuántas veces ya ha pasado por momentos en el que dijo o pensó, “valió la pena pero, podría haber sido más fácil”? ¿Varias? Sepa que usted no debe ser el único o la única en haber hecho esa pregunta. El ser humano tiene la tendencia a querer andar caminos llenos de facilidades y, cuando ve las dificultades, por lo general, se asusta.

No hay nada más peligroso en la vida que el exceso de facilidad. Con solo prestarle atención a su entorno se dará cuenta a qué punto la ausencia de obstáculos hace que las personas se acomoden y no tomen actitudes. Ejemplos no faltan. Como el empleado que tiene miedo de cambiar de empleo porque el cambio “le dará trabajo”. O el joven desempleado que prefiere quedarse en su casa esperando que un empleo “caiga del cielo”, porque le será difícil buscar algo nuevo. O también la mujer que no quiere luchar por su vida sentimental porque piensa que tendrá una ardua tarea por delante.

Las facilidades inhiben e inmovilizan la fe. Debido a la relajación y a la acomodación, la persona deja de expresarla y, por lo tanto, no obtiene las conquistas que desea. Por otro lado, son en las dificultades que se despierta la fe. En esos momentos surgen las mayores recompensas.

El obispo Domingos Siqueira, en el sitio web de Obreros Universal, comparó el uso de la fe frente a las dificultades con una máquina en funcionamiento. “De la misma manera como una máquina necesita estar conectada para realizar sus operaciones, el ser humano también debe estar despierto para ejercer su potencial. Si usted no toma actitudes, la fe queda adormecida y, por lo tanto, la misma no sirve para nada. Sin usar la fe la persona vive andando un camino fácil, que no la lleva hacia ningún resultado”.

Él también explicó que las personas que quieren vivir en un mundo lleno de facilidades son como la generación que salió de Egipto después de la esclavitud y fue hacia el desierto: una generación acomodada. “Observe que no fue la misma generación que entró en la Tierra Prometida, porque no era una generación de guerra, osada, ellos estaban acostumbrados a la esclavitud”, dijo.

Aunque el pueblo de Israel estaba acostumbrado a ver a Dios haciendo todo por él, llegó un momento en el que el pueblo debió enfrentar a los demás pueblos de la tierra que sería conquistada. De lo contrario todos perecerían. “Llegó el momento en el que ellos necesitaban guerrear, debían ir hacia la batalla, no había facilidades. Tendrían que estar preparados para las luchas” comparó.

Así como hizo con este pueblo, Dios también permite que las dificultades lleguen al encuentro de las personas para que ellas puedan expresar su fe, fortalecerse y luchar para conseguir el objetivo deseado. “Dios quiere que dependamos de Él, que usemos la espada de la fe. ¿Comprenden la razón de las luchas? Pablo decía: ‘… nos gloriamos en las tribulaciones…’ (Romanos 5:3). Cuanto mayores sean las dificultades, más firmes debemos estar, porque eso es lo que fortalece nuestra fe” añadió el obispo.

Acomodada en la fe

Si optar por el camino de las facilidades ocurre en innumerables esferas de la vida, ¿qué decir de la vida espiritual? Cuando la persona deja de luchar para alcanzar sus objetivos en varias áreas de su vida porque no quiere esforzarse, posiblemente también se acomodará en el campo de la fe.

KOC_8569_ARLa vendedora Jéssica da Silva, de 23 años, (foto al lado) se dio cuenta de que estaba acomodada en la fe cuando reconoció que había optado por un camino lleno de facilidades, pero que le traía grandes problemas.

Después de un noviazgo que no funcionó, ella comenzó a pensar que costaría mucho seguir luchando por su vida sentimental. Por eso, se cansó de perseverar y de expresar su fe. “Tuve la mayor frustración cuando terminé el noviazgo. Dejé de creer que las cosas sucederían en mi vida. Pensé que tendría que andar un camino muy difícil para ser bendecida nuevamente”, cuenta.

Frente a esta tristeza, no pasó mucho tiempo para que ella también optara por las facilidades en la vida espiritual. “De a poco, fui dejando de hacer cosas pequeñas, como las oraciones y la lectura de la Biblia. A veces, pasaba todo el día sin hablar con Dios. Era más fácil vivir mi vida sin mantener la comunión con Él”, relata.

Jéssica pensó que esa era la elección más fácil, pero se equivocó. De a poco, fue alejándose de Dios. Llegó a un punto en el que, para ella, estar en la iglesia era difícil y angustiante.“Mi relación con Dios fue empeorando en gran manera, ya que no quería esforzarme para ayunar, orar y evangelizar”, recuerda.

Actuando de esta manera, dejó de tener paz, tuvo depresión y comenzó a sentirse vacía. “No me hubiese imaginado que optar por las facilidades de la vida me llevaría al fondo del pozo”, revela.

Después de 2 años, Jéssica reconoció la importancia de no estar acomodada ante la situación y volvió a buscar a Dios. “Nunca más actué por mis debilidades ni facilidades. Entendí que mientras más difícil sea el camino, más cerca de Dios estoy”, afirma.

Por lo tanto, quien desiste de un camino a causa de las dificultades y elige las facilidades, pierde todo, principalmente la fe y la comunión con Dios. Pero, cuando subimos escalón por escalón, obtenemos conquistas, aunque el camino sea largo y difícil.

No se deje abatir por el surgimiento de obstáculos, de adversidades y de luchas. Comprenda que todos los desafíos son necesarios para fortalecer la fe y hacer que usted tenga grandes recompensas.

Salga de la zona de comodidad

Los domingos, en todas las Universal, obispos, pastores y obreros claman para que todos los presentes tengan un encuentro con Dios. Si usted ha llorado, aunque haya sido disimuladamente y sin que las demás personas lo sepan, si está acorralado a causa de un problema, no deje de participar ese día especial.

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