¿Por qué no me miras?

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La universidad fue un paso decisivo para mí. No para mi futuro, sino como persona. Fue allí que adquirí todo lo que sabía en teoría, y lo que era una realidad muy, muy lejano, que se convirtió en el verdadero peligro que tuve que enfrentar todos los días.

Tomar decisiones nos definen, elegí quedarme en el grupo de los «nerds», los escasos cinco alumnos, de una multitud de setenta y cuatro, que no frecuentaban las fiestas semanales (y que al otro día resultaba en un montón de estudiantes borrachos en las clases de prácticas de odontología) y no nos involucrábamos en los escándalos de quién es quién, y por qué, y por ello, no formábamos parte de los “populares” ni contaban con nosotros para nada.

No fue fácil vivir cuatro años en un ambiente en el que no me encajaba. Pero en el fondo, detrás de mis gafas también había un corazón: Yo quería ser aceptada, quería llamar la atención, o por lo menos dejar de ser invisible. Lo intenté erradamente en una actitud desesperada en mi primer mes de la universidad, yendo a discotecas, fiestas, me emborrachaba, pero algo dentro de mí me frenó. No podría. Honestamente no encajaba con tanta depravación. Sabía que detrás de toda esa animación había algo de lo que nadie hablaba, pero que con el tiempo afecta a muchos. No hay vuelta atrás.

Fui testigo de la muerte de uno de los mejores estudiantes de la universidad. Faltaban meses para que graduarse, estaba preparada para casarse, decía ser cristiano de un iglesia tradicional cuidaba de otros jóvenes… murió de una sobredosis de cocaína.

El día de su velatorio, yo enterré con él todos aquellos deseos escondidos que yo cargaba dentro de mí. Murió allí mi fantasía de la popularidad. Lo que hasta entonces todos se callaban fue obligado a ser pronunciado y explicado por el rector de la universidad.  Veinte años después yo puedo autentificar y suscribir debajo que los problemas no mejoran con el tiempo. Se vuelven más fuertes  – preocupantes.

Evolucionan, y atacan más rápido. Este mes, la escena se repitió:

  • Una madre me trae a su hijo adolescente de once años, que había encontrado paquetes de cocaína en el baño del colegio, y quién antes era un hijo ejemplar y cuidaba de  sus hermanos menores, ahora estaba agresivo en casa.
  • Otra madre está preocupada, pues su hija de nueve años convive con la droga en la escuela, y siente curiosidad por saber lo que es.
  • Una adolescente de trece años que desaparece después del colegio, y cuando llega a casa tiene el brazo lleno de cortes, dijo para su madre que fue raptada. Cuando yo me quedé a solas con ella, acabó contando que era mentira, que fue ella misma quien se hizo los cortes. Le pregunto si toma drogas, ella dice que sí, y cuando le pregunté cómo las consigue, me dice que de forma gratuita en el colegio.

Palabras obscenas y marihuana – es la nueva moda entre los adolescentes. Y todo comienza en el hogar, la familia des estructurada es el mayor factor de riesgo para un adolescente convertirse en un adicto. La iniciación en la adicción viene por la necesidad de ser aceptado, de ser parte del grupo popular en la escuela. La baja autoestima + la falta de confianza = receta infalible para aceptar cualquier migaja de atención.

Y todos callan: los directores y profesores por miedo al micro tráfico que se forma dentro de la escuela. Los otros estudiantes porque ”si fulano fuma marihuana y es popular, es obvio que nadie quiere decir nada para no ser apuntado con el dedo y quedarse solo”, fue la explicación que he oído.

¡Que alguien eche el freno de mano!!!!!!! A este ritmo yo ya no puedo ni imaginar lo que estaré  escribiendo de aquí a veinte años.

Así que vamos a empezar a actuar en aquello en lo que podemos poner orden dentro de este caos: dentro de casa. Pregunte, pregunte , insista en mantener una cercanía estrecha (aunque ellos se alejen), observe si hay cambios, por muy pequeños que sean, pues estos muestran que hay un grito de socorro por detrás.  No te canses, no te rindas, no dejes que el amor se enfríe.
Como te habrás dado cuenta, mañana puede ser demasiado tarde.

Fuente: http://www.cristianecardoso.com/es/

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