«Prefería escaparme»

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Las experiencias estresantes o conflictivas vividas en la infancia pueden marcar la vida de cualquier persona, e influir de manera positiva o negativa afectando la vida adulta. Como era el caso de la Sra. Rosa López de Madrid que tuvo problemas en su matrimonio por causa de los traumas, miedos y resentimientos que ella y su esposo tenían.

“Mi esposo recibió maltratos por parte de su madrastra, siendo aún un niño de siete años, se escapaba de su casa, él se convirtió en un niño de la calle, comía de los desperdicios, dormía en cartones en las aceras. Siendo un adolescente, prestó servicio militar y ahí vivió una mala experiencia cuando un soldado lo amenazó de muerte con un arma. Esto hizo que él sufriera de pesadillas, dolores de cabeza constantes, era una persona viciosa del licor, tenía mal carácter y padecía de estrés por el trabajo que ejercía como militar.

Por mi parte, en mi infancia fui victima de los maltratos de mi madre y de mis hermanos, escuchaba ruidos, veía bultos, era una niña muy triste porque no recibía el mismo cariño que mi madre sí le daba a mis hermanos.

En una ocasión ella me maldijo. Aunque no acepté sus palabras, siempre me sentí sola, fui creciendo con rebeldía, salía a bailar con mis amigas a discotecas y bares, pero cuando llegaba a casa empezaban las peleas, por eso prefería pasar la noche fuera de casa. Así conocí a mi esposo, y nos casamos después de dos años aunque mi madre no estaba de acuerdo.

Después de casada aún padecía de los mismos males espirituales que viví en mi infancia. Cuando nació mi hijo los problemas se incrementaron, al punto de que él y mi esposo sentían los mismos síntomas que yo, poco a poco mi hijo también empezó a ser rebelde, pues presenciaba nuestras discusiones, tenía malas juntas y no le gustaba estudiar. Estos problemas me angustiaban.

Pensé en suicidarme de varias maneras, lanzándome del piso ocho del edificio y también intenté cortarme las venas con un cuchillo, quería terminar con mi sufrimiento.

Pero gracias a Dios conocí la Universal por la invitación que me hizo una persona, ella me habló de su cambio y me llamó mucho la atención. Desde entonces empecé a participar con mi esposo y mi hijo y poco a poco nuestra vida fue cambiando.

Fuimos liberados de los males espirituales, mi hijo ya no es rebelde, se apartó de las malas juntas y se graduó de bachiller, mi esposo dejó el vicio del licor, ahora es un hombre amoroso y pasa mucho tiempo con nosotros. Yo no sufro de insomnio, miedo, tristeza ni inseguridad todo quedó en el pasado, ahora amo mucho a mi madre y ella a mí, soy muy feliz”.

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