Procurador de São Paulo libre del crack

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Mi nombre es Marcelo Antunes. Fui uno más entre millones de personas que se involucraron en el sufrido y doloroso camino de las DROGAS, en el cual estuve durante aproximadamente 27 años de mi vida.

Hoy tengo 47 años, soy nacido en São Paulo – capital, y, así como cita el obispo Formigoni en su libro “La Última Piedra“, también fui un niño sin mayores problemas, de familia acogedora, de padres amorosos y cristianos, más allá de tener el privilegio de ser hijo del diputado estadual, y posteriormente juez federal, Sinval Antunes de Souza (“in memoriam”). Tuve la oportunidad de disfrutar de una enseñanza de avanzada. Cursé los estudios primarios y secundarios en una de las mejores escuelas de São Paulo (Pueri Domus); posteriormente, hice el curso de Derecho en la FMU (Facultades Metropolitanas Unidas) y entré a la vida pública, a través de un concurso público, a los 20 años de edad, donde ejercí mi profesión. En los últimos años, antes de mi alejamiento para el tratamiento de salud, alrededor de 5 años atrás, a causa de una fuerte depresión que mi vida paralela ocasionó en incontables boliches regados de todo tipo de drogas, tuve la honra de ejercer la función de Procurador.

Durante mi decadente historia que ocasionarían las DROGAS, gradualmente a lo largo de todos estos años, tampoco fui diferente a la mayoría de las personas que conocieron la oscuridad de esta jornada. Comenzando como una simple búsqueda de un adolescente curioso e inconsecuente, sin saber el tamaño del agujero que comenzaba a cavar en dirección a uno de los mayores sufrimientos que una persona puede pasar.

antesMi primera experiencia fue a los 17 años, “tomando fuego”, bebida alcohólica mezcla de cerveza con aguardiente. Ingenuamente fui, y no sabía que esa noche sería el principio de todo mi sufrimiento, pasando, rápidamente, a buscar todo lo que era efecto que causara una ilusoria euforia proporcionada por varios estupefacientes. Entre ellos, la marihuana, la cocaína, el LSD, el té de hongos, diversos tipos de anfetamina mezcladas con alcohol, lanza perfume y éxtasis.

A pesar del constante y abusivo consumo de todas las drogas relatadas anteriormente, aún lograba, no sé cómo, mantener mis obligaciones profesionales de la mejor forma posible.

Hasta entonces, no sabía que lo peor estaba por venir, mi inimaginable encuentro con la “PIEDRA DE LA MUERTE”, más conocida como “CRACK” hace 4 años. Me atengo a partir de ahora a describir minuciosamente lo que sería mi total decadencia y descontrol que me hizo, literalmente, imaginarme lo que sería el infierno del que tanto oía hablar durante toda mi vida. Lo que me llevó al fondo del pozo, noqueado como un boxeador que, sin más fuerzas para reaccionar, ya había tirado la toalla de la vida.
Fui invitado a probar el crack, sin siquiera quererlo.

Dos veces que tragué el humo fueron suficientes para volverme totalmente esclavo durante estos últimos 4 años. Aumenté rápidamente la cantidad de consumo y pasé a no lograr estar ni siquiera un día sin la droga. Cuando me di cuenta, ya era uno de los más conocidos en Cracolândia de São Paulo, teniendo en cuenta el incontrolable consumo, llegando a gastar cerca de R$ 14 mil por mes.

Antes2-1Como si no bastara eso, sufría todas las consecuencias causadas por el consumo incontrolable. No me afeitaba más, no me bañaba, no me cortaba las uñas negras, marcadas por el manoseo de la droga consumida a través de una lata de gaseosa. En fin, un total abandono de la higiene personal. Pasé a encerrarme en un cuarto dentro de mi casa, saliendo solo en situaciones extremas y para tratamiento médico, que era a base de fuertes remedios para el control de la depresión y de la ansiedad.

De esos 4 años, viviendo como un animal sin salir del cuarto, los últimos dos vine a Bauru, a vivir a la casa de mi madre.

Ya desacreditado de la posible cura del vicio del crack, un día, el marido de una prima, miembro de la Iglesia Universal, me invitó a participar de una reunión que tenía un tratamiento pionero en el mundo y que divulgaba que el “EL VICIO TIENE CURA“. Me regalaron el libro “La Última Piedra“, un relato sobre la historia de una caminata de vicios vivida por el obispo Formigoni. Era él quien estaba realizando ese tratamiento. El marido de mi prima además me dijo que me presentaría a una persona muy buena que había pasado por el mismo problema que yo tenía y que había logrado liberarse, y que él sabría el camino de mi liberación. Era Luciano Marques.

Aún muy esclavizado por el mundo del crack, terminé aceptando sin ninguna esperanza, pues hasta entonces, dentro de mí, ya no creía en la cura, ya que había pasado por todo tipo de tratamiento, medicación e internación, y no había cosechado ningún resultado positivo.

Llegando al tratamiento, al final me presentaron a Luciano Marques, vulgarmente llamado Lu F, que, inclusive, fue citado en el libro anteriormente relatado, como compañero de drogas del obispo Formigoni. Después de una breve explicación de su trayectoria en el mundo de los vicios, me invitó a conocer el Tratamiento para la Cura de los Vicios en São Paulo. Acepté la invitación y Luciano me llevó a participar del tratamiento.

Antes4El primer día, aún bajo los efectos de las drogas, tuve el privilegio de ser atendido por el obispo Formigoni, que, con su carisma, conversando conmigo con mucha propiedad, me conmovió al decir que bastaba ser obediente al tratamiento y que, si había funcionado para él, funcionaría para mí también. Me invitó a que fuera al tratamiento durante cuatro domingos consecutivos.

Incluso habiendo respondido a su pedido, hasta el tercer domingo aún no me había liberado.

Ese día, volviendo a Bauru, paramos a cenar, cuando Luciano comentó sobre el aguardiente y el crack. En ese momento, de pronto, me sentí mal, seguido de un fuerte asco, forzándome a correr al baño con una fuerte sensación de malestar.

Tuve la sensación de que algo había salido de mí, pues, regresando a la mesa, sentí un bienestar como si jamás hubiera consumido la “PIEDRA DE LA MUERTE”. Le comenté asustado al compañero, que algo me había sucedido y que no sabía cómo, por primera vez, habían desaparecido totalmente las ganas de consumir crack y no podía ni pensar en el olor del aguardiente.

Fuimos envueltos por una felicidad tan inexplicable, que vinimos cantando y sonriendo, oyendo las alabanzas hasta la llegada Bauru.

Estuve esa semana totalmente distante del crack y de la bebida, logrando entender lo que el obispo Formigoni había dicho mi primer día de tratamiento: que el vicio de las drogas se trataba de un espíritu.

En solo una semana ya era totalmente otra persona. Todo comenzó a cambiar en mi vida, y sentí una liviandad en el alma hasta entonces nunca presenciada.

Depois1Era el último domingo del tratamiento que había sido propuesto para mi liberación. Cuando noté que Dios me había tocado, ya era otra persona, y no sabía cómo explicarlo, cómo un milagro me había tocado. No lograba ni siquiera oír la palabra “piedra” y aguardiente que enseguida ya me venía toda la sensación de asco y malestar.

Hoy continúo siendo fiel al tratamiento. Aprovecho para agradecerle a Dios que, usando al obispo Formigoni, me enseñó que a través de la certeza y de la obediencia al tratamiento yo iba a ser libre de ese espíritu. Estoy 100% curado, y quiero dejar aquí registrado que este tratamiento realmente funciona, y si me funcionó a mí va a funcionarle a usted.

Es con mucho cariño que aprovecho para agradecer por el pionero tratamiento, en el cual he visto innumerables curas nunca vistas en ningún tratamiento que haya existido hasta ahora.

Al obispo Formigoni, muchas gracias, de una persona que fue quitada del fondo del pozo para la gloria de Dios. Amén.

Dr. Marcelo Antunes, Procurador del Estado de São Paulo.

Obispo Macedo

 

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