¿Qué es mejor: ser o hacer?

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Con toda seguridad, usted conoce a Renata. Llueva o este soleado, siempre está en la iglesia, atenta a las reuniones y conoce varios pasajes bíblicos de memoria. Es también una esposa ejemplar. A los ojos de los demás es lo que aparenta ser. Renata no fuma no bebe alcohol y no dice palabras vulgares. Es una verdadera dama, está siempre bien vestida porque sabe que esa es una de las maneras de representar la grandeza de Dios en su vida. Sin embargo, a ella le hace falta una cosa.

Renata trabaja afuera, debe lidiar con muchas personas y tener flexibilidad y saber cómo manejarse para resolver los problemas del día a día de la empresa, pero ella no tiene esto. Cuando está fuera de la iglesia está perdida. ¿Cómo actuar con espontaneidad sin un pastor a su lado y sin nadie que le diga cómo debe proceder? La Biblia parece demasiado extensa para ser consultada cuando surge una pregunta que exige una respuesta en 5 minutos.

Renata, por supuesto, es un nombre ficticio, pero existen muchas mujeres como ella. Renata es ese tipo de persona que incluso conoce la voluntad de Dios, pero termina aplicando solo que ha memorizado, aquello que requiere un poco más de sabiduría espiritual está fuera de su alcance. Lo que muchas mujeres como Renata necesitan entender, es que no es suficiente llevar una vida lejos del pecado, de la bebida, del adulterio y de la vanidad, sino que es necesario mucho más para poner en práctica Su voluntad. Entonces, ¿Cómo puede remediar esta situación?

Luisa Teixeira, columnista del blog de Viviane Freitas (vivifreitas.me/blog/), destaca que es esencial que la persona reconozca que necesita cambiar y esforzarse para que esto ocurra. “La mujer debe ser humilde, debe ver sus propios errores y no creerse autosuficiente. Muy por el contrario, debe ser dependiente de Dios para todo”, orienta Luisa, que explica la diferencia entre el ser y el hacer: “el ser para Dios no se limita solo a orar, a ayunar, a hacer propósitos y a leer la Biblia, ni al tiempo que se pasa dentro de la iglesia; todo esto es hacer. Es importante, pero no es la mejor parte”, dice.

¿Cómo poner esto en práctica?

No es suficiente participar fielmente de todas las reuniones, entender lo que fue dicho y encontrar bonitas las enseñanzas, es necesario practicarlas y no solo realizar aquello que le resulta fácil.

Luisa explica que el alma requiere una “limpieza” constante. “Cuando limpiamos nuestra casa siempre existe la necesidad de volver a limpiarla, de lo contrario se vuelve al punto de partida. Lo mismo le sucede a nuestra ‘casa espiritual’. La idea de que muchos años en la iglesia nos mantienen inmunes a todo, es errónea, pues no garantiza un corazón limpio”, explica.

La limpieza de su “casa espiritual” ¿Está al día? No deje que la rutina acomode su crecimiento. Todo el mundo siempre tiene algo que mejorar y, después de leer esta nota, ¿pondrá en práctica lo que ha aprendido o continuará siendo como Renata?

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