¿Qué hacemos en el Altar?

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Oí dos declaraciones hace tiempo atrás que me marcaron mucho hasta hoy, y cada tanto las recuerdo. Me gustaría mucho compartirlas con ustedes:

“Nosotros decidimos salir de la Obra y cuidar nuestra vida, pues si tenemos condiciones de auxiliar en un estado, ¿por qué vamos a auxiliar en una iglesia?”

“Nadie nunca reconoce lo que hago, por eso me estoy yendo adonde reconozcan mi trabajo.” (Esa persona consideraba una injusticia estar en una determinada iglesia)

Esas dos situaciones tienen algo en común. En ambos casos, las personas no estaban preocupadas por lo que colocaban en el Altar, sino por cómo era ese Altar. Eso mismo.

Nuestra vida como pastor y esposa es estar en el Altar, simplemente estar en el Altar, y ese Altar es nuestra iglesia. Pero muchos han despreciado ese Altar por ser pequeño, por no estar bien ubicado, por no traer beneficio personal, etc. Siendo que lo que importa de verdad es lo que colocamos en ese Altar, nuestra entrega para cambiar la vida de las personas, eso es lo que realmente importa.

Vea la historia de Elías. Él tomó 12 piedras y allí colocó toda su vida, y por eso el fuego cayó.

No importa si es para diez o par mil personas, nuestro sacrificio debe ser perfecto. El diablo ha engañado a muchos con ese pensamiento, pues se quedan mirando a la cantidad de personas o al tamaño de la iglesia y se olvidan de que nuestro sacrificio tiene que ser agradable a Dios, independientemente de si el Altar es de mármol, madera o piedras.

Elías sacrificó en un pequeño Altar de 12 piedras y despertó la fe de una Nación. Si cada uno de nosotros colocamos toda nuestra vida en nuestro Altar, podemos también despertar la fe de una nación.

Que nuestro sacrificio sea perfecto, y así como Pablo escribió sobre Timoteo, pueda ser Dios hablando sobre nosotros a cada iglesia a la que nos envíen:

… pues a ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros. Filipenses 2:20

Cuidemos a las personas y dejemos que Dios nos cuide. No busquemos nuestros intereses. Somos levitas y nuestra herencia es Dios.

Los sacerdotes levitas, es decir, toda la tribu de Leví, no tendrán parte ni heredad en Israel; de las ofrendas quemadas al SEÑOR y de la heredad de Él comerán. No tendrán, pues, heredad entre sus hermanos; el SEÑOR es su heredad, como Él les ha dicho. Deuteronomio 18:1-2

Colaboró: Nildi Mendes

Fuente: bispomacedo.com.br/es/

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