¿Quien puede exige!

quienpuede

“Hazme justicia, oh Señor, porque yo en mi integridad he andado, y en el Señor he confiado sin titubear.Examíname, oh Señor, y pruébame; escudriña mi mente y mi corazón.” (Salmos 26.1-2)

¿Quién puede y tiene el coraje de exigir? ¡EL JUSTO! Y delante de sus exigencias y de la necesidad de una respuesta, él queda a merced del resultado de la prueba de que Dios le hará, y a la que él, voluntariamente, se somete. Es como si dijera: “Sé que no soy perfecto, pero he asumido mi fe, mientras, el Señor, puede probarme y ver que en mí, en mi corazón y en mi mente, he confiado en ti… ¡y sin vacilar!

¿Y cuándo una persona vacila?
Cuando sabe que tiene que perdonar y no perdona… cuando sabe que tiene que orar y no ora (pues es una necesidad)… cuando sabe que tiene que devolver el diezmo y no lo devuelve, pues “el mes está muy apretado”… o sea, ¡NO OBEDECER ES VACILAR!

Quien no bromea con las cosas de Dios, con Su Palabra, quien sigue fielmente Sus Preceptos, este es el Justo, que tiene el poder de exigir e incluso desafiar a Dios! Y al Justo, Dios dice: “En tu integridad y fidelidad Yo me alegro, porque tu no vacilas.”

-Hay personas que vacilan en el momento de la ofrenda, la ven con malicia e incluso la maldicen.
-Hay personas que, en el momento de la oración no se concentran, no oran o abren la boca, al contrario, piensan en todo lo que no deben y no están a lo que deben hacer.
-Hay personas que el domingo por la mañana no se levantan para ir a la Iglesia con fuerza o ánimo, y cuando llegan, llegan tarde, o sea, no dan lo mejor a Dios, pero esperan de Él Su Mejor.

¡¡¡ESTÁS VACILANDO!!!
No estás prestando atención y mucho menos practicando las Enseñanzas que has recibido en la Casa de Dios!¿Quieres ver la Bondad de Dios en tu vida? ¡Sé apto!

“Oh Señor, yo amo la habitación de tu casa, y el lugar donde habita tu gloria” (Salmos 26.8)

Quien reconoce el poder de Dios tiene placer de Servirle, en obedecer y asistir a Dios. Quien lo hace, acaba siendo asistido por Él. Y Dios asiste a quién asiste a la Gloria de Su Casa. O sea, quien tiene placer en las cosas de Dios, en leer y meditar en Su Palabra, en Evangelizar, hablar de Jesús para los demás, en orar, alabar a Dios… estos son asistidos por la Gloria de Dios. Los llenos de Su Gloria no son aquellos que piden, sino los que dan… ¿y qué dan? Su vida, su amor, su culto racional, su obediencia.

“No juntes mi alma con pecadores, ni mi vida con hombres sanguinarios, en cuyas manos hay ardides inicuos, y cuya diestra está llena de sobornos.” (Salmos 26.9-10)

Y cuando tenemos coraje de obedecer la voz de la Fe, es cuando tenemos igualmente coraje de obedecer a la Voz de Dios. ¡Sí, tu fe tiene una voz, que te habla mediante tu conciencia y ella exige de ti actitudes y actitudes de coraje!

“Paga el mal con el bien… di la verdad en momentos en los que puedas mentir… sé justo en los momentos en que puedas ser injusto… no aceptes sobornos y no te vendas, en momentos en que surjan tales oportunidades.” Valórate, pues fuiste “comprado” por un elevado precio: ¡La Sangre Preciosa del Señor Jesús en la Cruz!

Éstos son los que no aceptan morir con los que viven practicando el pecado e, igualmente, no aceptan morir sin antes ver al Gloria de Dios en sus vidas. Quien sirve al Dios Vivo, su vida tiene que ser buena, ¡como Bueno es Su Carácter!

“Mas yo en mi integridad andaré; redímeme, y ten piedad de mí. Sobre tierra firme[a] está mi pie; en las congregaciones bendeciré al Señor.” (Salmos 26.11-12)

Quien muestra disposición para probar a Dios reconoce quién es y quién Dios quiere que tú seas; en dónde estás y en dónde Dios quiere que estés; ¡lo que tienes y lo que Dios quiere que tengas! Tu testimonio será escuchado, divulgado y conocido!

Y que sepas que el único lugar donde tu pie puede estar y alguna vez estará firme es en el ALTAR DEL DIOS VIVO, ¡EL ALTAR DEL SACRIFICIO! ¡Pues, quien está en este lugar, no retrocede, sólo avanza, porque tú con Dios sólo creces, evolucionas, subes, avanzas y te desarrollas! Luego, quién no está en el ALTAR no está firme, sólo retrocede, no consigue llegar a lugar alguno.

Observa, pues, que Dios no nos prueba por lo que Promete, sino por lo que Pide! Entonces, perdona, bautízate, sé fiel, dale tu corazón, mira a los demás con buenos ojos… observa que la prueba de Dios no está en Prometer, ¡sino en Pedir!

Fuente: juliofreitas.com

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