Semana de la Caída de las Murallas

Cuando los hebreos se liberaron del dominio de los egipcios, marcharon hacia la tierra que Dios les prometió. Sin embargo, en el camino encontraron dificultades: los territorios que debían atravesar estaban ocupados por enemigos y el pueblo hebreo tendría que luchar para conquistar la Tierra Prometida.

No les quedaba otra opción que salir a la batalla y enfrentar a las siete naciones. No obstante, cuando vencieron las batallas, se encontraron con un nuevo obstáculo aún más atemorizante: la ciudad de Jericó.

Jericó estaba rodeada por grandes murallas que, a los ojos humanos, eran imposibles de destruir. Con todo, así como Dios los libró de la esclavitud y los protegió, también haría lo mismo en ese momento. Lo único que debían hacer era usar la fe en el Altísimo y obedecerlo en todo.

El Señor le pidió a Josué, el líder de los hebreos, que todos los días rodearan las murallas y que al séptimo día lo hicieran siete veces. Al finalizar las vueltas, los sacerdotes debían tocar las trompetas y el pueblo debía gritar a gran voz para que las murallas cayeran.

“… y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con gran vocerío, y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia adelante, y la tomaron.” Josué 6:20

La fe y la obediencia de los hebreos hizo que lo imposible sucediera y, sin más impedimentos en el camino, pudieron habitar en la Tierra Prometida. En la misma fe, la Universal realizará la semana de la Caída de las Murallas.

Si usted tiene un problema que parece invencible, participe del 5 al 12 de septiembre de este propósito especial. Durante una semana, enfrentaremos al mal que predomina en nuestra vida y determinaremos la victoria.

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