Ser competente no lo es todo

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He escuchado a lo largo de los años que no debemos apoyarnos en nuestro conocimiento, en la fuerza de nuestro brazo o en nuestras condiciones. Oír es una cosa, colocar en practica es otra muy diferente.

Si, nosotros debemos capacitarnos, informarnos y perfeccionarnos en aquello que hacemos, pero, si no tenemos fe, no servirá mucho.

¿Quiere un ejemplo?
Entre otras tareas, hace más de 15 años que organizo equipos de secciones de fotografías del estudio de mi marido. El nombre de eso es producción ejecutiva.

Producir una sección de fotos es algo muy complejo, pues es necesario “casar” las agendas de 10, 15, 20 personas. Es necesario pensar en cada detalle.

• ¿El motorista va buscar a quien? ¿Cuáles son las direcciones? ¿Y los horarios?
• ¿Qué es que las personas van a comer? ¿Cuánto tiempo durará el trabajo? ¿Alguien tiene dieta restrictiva?
• Las ropas ya están listas? ¿El cliente aprobó?
• ¿Quién peinará y maquillará a los modelos? ¿Quiénes serán los modelos? ¿Están todos avisados? ¿Las ropas sirvieron en ellos? ¿Cuál es la numeración de zapatos que usan para que tengamos los correctos?
• ¿El escenario está listo? ¿La locación está pagada?

Ufa… Solo de listar ya cansa, entonces quedaré solo en esos (¡aún que haya mucho más!).

En una de esas producciones, simplemente pensé no ser necesario llamar por teléfono y confirmar (por la segunda vez) la presencia de una modelo. Ella ya estaba avisada, pero como vive en el interior de la ciudad y las fotos eran en la capital, normalmente llamo un día antes para saber si está todo bien, si necesitará de transporte etc. Bueno, llamé a todos los que estaban involucrados en el trabajo, menos para ella. Conclusión: ¡en el día ella no apareció!

Entonces pensé: “!Mi Dios, no le llamé por teléfono ayer!”Eso nunca había acontecido y me sentí inútil… ¡Le marqué al celular y nada! ¡Le mandé un mensaje y nada! ¡Mi Padre, ella está dormida! ¿Qué hago?

La productora “competente” se vio imposibilitada de hacer cualquier cosa. Estaba fuera de mi alcance solucionar aquello. Era sábado 8horas de la mañana y yo no tenía otra modelo y ni como hacerla aparecer de la nada… El maquillador ya estaba allá, las ropas todas listas y planchadas, productora de moda presente ya hacía más de media hora, fotógrafo, asistente, el modelo que formaría la pareja con ella, en fin, todos listos, ¡incluso el cliente! ¡Y la modelo, nada! ¿Qué es lo que yo podría hacer? Recorrí a la fe.
Oré a Dios y pedí que Él la hiciera despertar y ver que yo le había marcado al celulary enviado mensajes. Me quedé aguardando y manteniendo mi fe. Los pensamientos venían: “ella no va a despertar. Es sábado, ella puede dormir hasta tarde. Peor: ella puede estar ocupada con otro trabajo!” Se pasaron 15 minutos (tiempo que no dudé), ella me responde el mensaje diciendo que se había confundido y que estaba en la casa de una amiga en el interior de la ciudad. ¡Le pregunté si podría llegar y dijo que estaría en el estudio en 2 horas!

Problema número 1 solucionado, faltaba avisar al cliente sobre el atraso y oír la bronca… Cuando entro en el estudio para contar el problema, la productora de moda pregunta: “¿Podemos empezar a hacer las fotos del modelo solo, antes de la chica llegar? Él tiene más fotos solo que con la modelo formando pareja, ¿vamos adelantar?”

Estuve de acuerdo y veo que Dios me escuchó y me atendió haciendo algo mejor de lo que imaginé. ¡Ni tomé bronca del cliente! Al contrario, él quedó muy satisfecho en ver que todo estaba muy bien hecho hasta aquel momento y decidió irse, ya no quiso acompañar el trabajo: “Está todo tan perfecto que si me quedo les voy a estorbar en el trabajo”, dijo el cliente.

Dos horas después llega la modelo y dice: “Paty, tienes mucha suerte, porque nunca yo iba a ver tu mensaje en el celular. Él estaba en modo silencioso, pero fue gracioso… Me desperté de la nada con muchas ganas de ir al baño y, por acaso, vi tu mensaje… ¡Tienes mucha suerte mismo!”

¿Usted piensa que eso fue suerte? ¡Claro que no! Ella se despertó “de la nada” después que oré y no fue “por acaso” o por “suerte”. Así que, amiga, no piense que usted no es capaz, que no puede asumir algo más grande o que depende exclusivamente de usted misma para todo. Al ser diezmista y ofrendante, Dios es su socio.

Si usted falla, Él está allí para ayudarle. Usted no necesita querer hacer todo para recibir los elogios de los demás. Nosotras no somos perfectas y jamás seremos, pero si tenemos a Dios (que puede todo) a nuestro lado, podremos hacer (a través de Él) cualquier cosa que vengamos a desear. Y hasta lo que era para dar errado, dará más cierto que si tuviese todo muy bien planeado. ¡Así es nuestro Dios!

¡Nos vemos!

Patricia Lages

Fuente: cristianecardoso.com

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