Siempre para aprender…

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¿A qué padre o madre no le gustaría que sus hijos, incluso cuando han crecido, continúen confiando en ellos como verdaderos amigos y busquen en sus palabras apoyo, confort y sabiduría? ¿O que, a través de sus ejemplos, sus hijos se hagan más fuertes, más osados y, sobre todas las cosas, de fe?

 Pero para eso es necesario que los padres estén igualmente aptos para aprender, escuchar y practicar. Hubo varios padres, retratados en la Biblia, cuyo ejemplo era malo, haciendo su descendencia aún peor…

“Y Omri hizo lo malo ante los ojos del Señor, e hizo peor que todos los que habían reinado antes de él (…) Y Acab hijo de Omri hizo lo malo ante los ojos de Jehová, más que todos los que reinaron antes de él” (1 Reyes16:25;30).

Hacer lo malo es una elección personal, pero la verdad es que los hijos siguen ejemplos, y no solo consejos. Una mala conducta genera actitudes peores, hasta que la propia persona reconozca que necesita cambiar, que necesita una transformación completa y, en obediencia, se entregue.

Debes convenir conmigo: Si aun andando de acuerdo con aquello que escuchamos, creemos y aprendemos, no es fácil que nuestros hijos, o aquellos a los que les enseñamos, se entreguen a Dios, imagínate si vieran en nosotros un espíritu contrario a lo que es justo, de desobediencia, mala conducta, rebelión, palabras impropias y actitudes livianas! Es entonces que creerán que tiene el derecho de vivir como les dé la gana, de acuerdo a sus propias “codicias”.

En la Universal, aquello que vemos diariamente son madres luchando por sus hijos y padres, hombres, que nunca habían seguido una religión, tomar la foto de sus hijos y clamar por ellos. Y también vemos hijos que, por elección o fruto de esas oraciones, siguen este camino, buscando tener, por la fe, una vida digna y recta a los ojos de Dios.
Al actuar de esta forma, reconocen algo fundamental que todos debemos cultivar: ¡El aprendizaje continuo! Hay algo común a todos, la sed de aprender para transformarse en personas mejores, padres excelentes e hijos extraordinarios.
Y esto debe ser común a cada uno de nosotros: Dejar un legado positivo, de conquistas, no solo materiales, sino sobre todo de honra, carácter y obediencia.

A pesar de que Onri, el padre de Acab, haya sido un rey exitoso en el reinado de Israel, aun así, por su perversidad y desobediencia, no alcanzó gracia a los ojos de Dios y fue rechazado por sus propias actitudes. Y lo mismo sucedió con su hijo…

Puedes estar segura amiga o querido internauta: si plantamos hoy con la dirección correcta, las chances de que recogeremos serán infinitamente mayores que si permanecemos en nuestra voluntad y en los caminos que agradan a nuestro propio corazón.

Fuente: vivifreitas.me/es

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