Siendo hospitalaria

tea-tarde¡Qué bueno es sentirse como en casa, dondequiera que vayamos! Sea a un lugar nuevo, a una casa nueva, a la casa de alguien… Donde llego me gusta de sentirme en casa… Esto acontece cuando encontramos allí “gente hospitalaria”. Insisto en quedarme con personas que también se sientan a gusto. Cuando pienso en la posibilidad de encontrarme con alguien, comienzo a investigar sobre  lo que a la persona le gusta conversar, cuáles son sus intereses, sus gustos y sus proyectos… Aunque sean muy diferentes de los míos, procuro tener los mismos temas de conversación que ella, y jamás la dejo hablando sola.

La hospitalidad es un conjunto formado por educación, bondad, amor al prójimo y dar. Juntando todo esto, podemos usar una palabra para definirlo: SERVIR. Debemos comenzar dentro de nuestra casa, después eso debe extenderse a todos los que nos conocen y llegar hasta los que no nos conocen y que pasarán a conocernos por nuestra hospitalidad. Existen personas que nunca hemos visto en la vida, pero cuando tenemos la oportunidad de conocerlas, parece que nacimos juntas, pues nos dejan con total libertad para reír o llorar, para juguetear o estar más seria, para hablar o quedarse callada, es decir, lo mejor de la hospitalidad es cuando la otra persona se siente a gusto contigo.

Es maravilloso cuando encontramos a una persona que es hospitalaria sin ningún interés personal, ella simplemente tiene placer en suplir todas las necesidades de aquel momento y no mide esfuerzos para ello, no se pasa de la raya, y siempre sorprende con alguna cosa que estás necesitando. Cuando recibo personas en mi casa, utilizo un termómetro simple para saber si están a gusto: suelo observar si ellas colocan los pies en el sofá o en el pufe, o encima de la mesita de centro. Estoy siempre esperando que se queden a gusto, como si estuvieran en su propia casa.

Aprendí a no esperar la oportunidad para servir a alguien, y sí, crear oportunidades de servir siendo hospitalaria. Jamás espere que alguien le pida alguna cosa, esté siempre lista para ofrecer algo, dar, suplir la necesidad de las personas con una simple sonrisa, una conversación franca, un abrazo bien apretado, una estancia maravillosa, una comida exquisita, un obsequio, una buena sorpresa, una cama limpia y perfumada, y tantas otras cosas, hasta el punto de llegar el momento de decir “chao”,  y que las personas tenga que decir: “¡Vaya, ya te estoy echando de menos!”

Lucelaine Araújo

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