Sobre la guerra antes del Altar

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En las últimas semanas de la Hoguera Santa ocurre un fenómeno que necesita ser explicado. Usted estaba en la fe, con toda su fuerza y toda su certeza, construyendo su sacrificio, con el objetivo en mente. La fecha de subir al Altar se va aproximando y comienzan a suceder cosas extrañas. Parece que los problemas aumentan, surgen situaciones para distraer su atención, todo comienza a salir mal y hasta lo que usted quería resolver con la Hoguera Santa, empeora.

Dentro de usted, hay una guerra. La sensación de que todo va a salir mal y de que usted debería desistir solo aumenta. Miedo, duda, cuestionamientos, inseguridades…usted mira alrededor y solo ve dificultades. De pronto, lo que estaba tan claro parece un lío. Todo el infierno le sugiere pensamientos negativos en su mente y crea situaciones raras a su alrededor, porque la única posibilidad de que resulte mal es que él logre convencerlo de que desista. Él intenta convencerlo incluso de que usted no tenía tanta fe como pensaba.

El sacrificio es tan fuerte que es necesario que el diablo junte todas sus fuerzas para convencerlo de sabotearse porque, cuando usted decide sacrificar, el infierno no puede hacer nada. Los únicos que podemos impedir nuestro sacrificio somos nosotros mismos. Sabiendo eso, usted resiste. Usted sabe que la sensación de que todo va a resultar mal, de que el esfuerzo es inútil y de que, si usted desiste, va a estar bien, es ilusoria. La única manera de estar bien y de vencer esta guerra es encarando al monstruo, con la fuerza de su decisión.

Usted decide ir hasta el fin, sin creer en el bombardeo enemigo, confiando en el Dios que le respondió a Elías en el Monte Carmelo. No le importa nada si las cosas parecen más difíciles o si parece que empeoran. Lo importante es el resultado – y la guerra no terminó. Si usted siente que no tiene la fuerza de antes, va con la fuerza que tiene ahora. Con toda la fuerza. Después, se dará cuenta de que era mucho mayor de lo que pensaba. Usted estaba siendo engañado por sus sentimientos.

Yo veo este período como si hubiésemos entrado en una cueva que separa a nuestro mundo de aquel que queremos alcanzar. Esa cueva es oscura, sombría, llena de voces y de ruidos que asustan. No hay nada allá, solo ilusión creada por un grupo terrorista, pero la intención es hacernos volver para que seamos devorados por el monstruo que está en la entrada. El peligro, en realidad, está en volver. Pero, si ignoramos a los terroristas y seguimos adelante, alcanzaremos la respuesta.

La lucha entre la fe y la emoción va haciéndose más fuerte y más palpable a medida que la fecha del desafío se aproxima. No debe haber sido fácil para Elías, pues él estaba solo contra los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, los cuatrocientos profetas de Asera, el rey, la reina y un pueblo indefinido, que no lo iba a defender. Pero lo que lo mantuvo firme fue la certeza de que estaba con el verdadero Dios. Y también sabía que era mejor perder todo que vivir aquella situación de miedo e indefinición del pueblo. Él se lanzó a todo o nada.

El tiempo exige más de la fe. Exige que mantengamos nuestra palabra con Dios y que confiemos en Su Palabra. En el camino, entregamos en el Altar todas las emociones que nos sofocan, las dudas, los miedos, las amenazas que oímos. Que el Altar decida lo que va a suceder con las palabras lanzadas sobre él. El tiempo exige más de la fe. Exige que se excluya todo sentimiento, todas las impresiones, y que nos aferremos a la decisión tomada. “Yo hice mi pacto con Dios, tengo un objetivo, estoy atravesando esa cueva oscura, pero no existe posibilidad de volver. Es una cuestión de honra ir hasta el fin. Si el diablo puede, que me mate. Pero si mi Dios está Vivo, yo voy a permanecer de pie para honrarlo.” Ese es el desafío que el espíritu humano puede hacer, no importa la situación que se esté enfrentando.

Llegamos al Altar con esa fe purificada. Esa es la fe que lo va a llevar a ver a Su Dios respondiendo con fuego. No se asuste con el torbellino de emociones que invaden los últimos días antes de la Hoguera Santa. Manténgase en la trilla que Dios le dio al comienzo. El vencedor es aquel que persevera en la batalla hasta el fin.

Fuente: bispomacedo.com.br/es

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