Sola y salvaje

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Dios escogió a Sansón desde su nacimiento. Lo santificó y lo hizo más fuerte que todos los demás hombres de su época. Sin embargo, Sansón no estuvo de acuerdo en vivir su vida para Dios. Él quería divertirse y tener todas las mujeres que pudiera, a fin de cuentas, era un joven bonito y muy fuerte. Fue entonces que comenzó a jugar con su propia vida, como un salvaje, que no necesitaba nada y a nadie, a no ser su fuerza. Lamentablemente, su fin fue trágico y vergonzoso. Él solo obtuvo victoria sobre sus enemigos cuando, ya en el fondo del pozo, reconoció que necesitaba a Dios.

¿Cuántas jóvenes no piensan exactamente de la misma manera? Quieren libertad, pero no desean asumir sus consecuencias. Quieren divertirse, pero no están dispuestas a pagar su precio. Son como niñas mimadas que tienen todo lo que desean, pero nunca están satisfechas. Son adolescentes que viven como si ya fueran adultas, pero que sin embargo aún viven en la casa de los padres, son sustentadas por ellos, etc. Quieren independencia, ¡pero dependen de los padres!

Dios escogió a Sansón, pero no pudo hacer absolutamente nada para ayudarlo, pues él había decidido gobernar su propia vida. En la condición de Padre, Dios no soporta vernos involucradas en problemas. Pero, ¿qué puede hacer Él si nosotras escogimos seguir nuestros propios instintos? ¿Por qué culpar a Dios por nuestra falta de sumisión a Él? ¿Quieres ser libre? Entonces, ¡sé libre! Libre para decidir lo que quieras hacer de tu vida, sea bueno o malo, ¡solo no culpes a Dios por las consecuencias de tus actos! Francamente, si prefieres quedarte sola, ¿por qué no vivir de manera salvaje también? Solo que debes estar prepara para asumir el resultado de tus propias elecciones e ideas independientes. Olvídate de Dios, a fin de cuentas, elegiste no depender de Él.

Ahora, si estás pensando en pedirle ayuda a Dios para alcanzar algo, sea lo que sea, está consciente de que, haciendo así, estarás colocándote en la condición de dependiente de Él y, por eso, debes dejar que Él controle tu vida. Como dependiente de Dios, necesitas de Él, pues sabes que no puedes vencer sola.

Algunas personas dicen: “Quiero mi libertad… Quiero hacer lo que me den las ganas sin que nadie me controle… Quiero divertirme mientras soy joven y, cuando envejezca, me volveré cristiana…” Tales personas aún están ciegas por la diversión temporaria del mundo y frecuentemente culpan a Dios por todas las tragedias que suceden en su vida o en la vida de personas a millas de distancia. ¡Seamos realistas! ¡O somos independientes de Dios y dependientes de nuestro pecado, o dependientes de Dios e independientes de nuestro pecado!

“Acontecerá en aquel tiempo, que los que hayan quedado de Israel y los que hayan quedado de la casa de Jacob, nunca más se apoyarán en el que los hirió, sino que se apoyarán con verdad en el SEÑOR, el Santo de Israel” (Isaías 10:20). Cuando abandones tus propias voluntades para hacer la voluntad de Dios, estarás tranquila en cuanto al futuro, aunque los problemas se levanten contra ti, pues tendrás la certeza de que Dios está en el control y “que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a Su propósito son llamados (Romanos 8:28).

Fragmento del libro “Mejor que Comprar Zapatos”, de Cristiane Cardoso

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