Soy adicta a la pornografía, ¿y ahora qué hago?

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“Voy a casarme en breve, soy virgen, pero mi futuro marido ya tuvo muchas experiencias y mi madre me aconsejó ver algunas películas pornográficas para aprender un poquito. ¿Qué piensa usted de esa idea?”, le preguntó una lectora a la escritora Nanda Bezerra.

Su respuesta fue clara y objetiva. “Creo que su madre, por no saber cómo ayudarla, le sugirió algo sin entender la seriedad del tema. La pornografía es algo muy peligroso. Es peor que las drogas.”

Y Nanda está en lo cierto. Investigadores de la Universidad de Cambridge hicieron un nuevo estudio que muestra que los patrones de la actividad cerebral en personas adictas a la pornografía son similares a los presentados por alcohólicos y dependientes de otras drogas. Descubrieron que la exposición a imágenes de sexo explícito despertaba los llamados “centros de placer” del cerebro de la misma forma que una propaganda de cerveza altera la actividad cerebral de un alcohólico.

La pornografía también es vista por ellas, y mucho

Pero cuando el tema es el problema de la pornografía entre las mujeres, el tabú aparece. Crece a cada día el número de las que ingresan a contenidos pornográficos, pero, al contrario del hombre, no es muy comentado. Para hacer esta nota, nuestro equipo buscó personas del sexo femenino que ya fueron adictas a la pornografía para contar su historia, algunas se manifestaron, pero solo una acordó figurar en el texto, siempre que recibiera un nombre ficticio.

Julia reveló que en su adolescencia comenzó a frecuentar los famosos chats en Internet. Así, tuvo acceso a contenidos pornográficos y la curiosidad la llevó aún más lejos: pasó a ingresar a páginas con videos de sexo explícito e incluso a hacer sexo on-line con otros hombres.

“Comencé a tener la necesidad de ver y empecé a visitar las páginas todos los días. Fue en esa época que aprendí a masturbarme. Ingresaba a escondidas para que mis padres no me vieran”, recuerda la joven.

Así como ella, según Marnie Ferree, especialista en el área de mujeres con el vicio sexual, el 62% de las mujeres con edad de 18 años tienen contacto con la pornografía y aproximadamente una de cada cinco (18%) utilizan Internet para fines sexuales por lo menos una vez por semana.

¿Y vale en el matrimonio?

En el programa “Escuela del Amor Responde”, Renato y Cristiane Cardoso aconsejan a diversas parejas que pasan por este problema y orientan a los que piensan que el uso de la pornografía estimula la relación.

“Esta plaga ha destruido la vida sexual de muchas parejas. Solo basta usar la mente para entender las consecuencias de esta práctica”, afirma Renato. “La pornografía va eliminando todo el esfuerzo que la mujer ha hecho para ser valorizada”, resalta Cristiane.

La solución, de acuerdo con ellos, es guardar los deseos para el momento en pareja: “si usted quiere tener un sexo maravilloso con su marido, guarde su apetito sexual para cuando estén juntos, en vez de ver pornografía”.

La curiosidad que trae serias consecuencias

No sirve esconder la realidad, es necesario entender el mal que la pornografía le causa a la relación conyugal, a la vida espiritual y también a las mujeres solteras. “El comportamiento de la mujer puede cambiar, pues los pensamientos libertinos pueden llenar aún más su mente, confundiendo la relación, abriendo las puertas para infidelidades, para el sexo desenfrenado y sin prevención, entro otros”, resalta la psicóloga Gabrielle Ramos.

Según ella, otra consecuencia que se ha vuelto común es el lesbianismo. “Las mujeres que ven sexo con dos o más mujeres pueden tener el deseo de experimentar y comenzar a tener compañeras homosexuales”, dice la especialista.

La sexóloga Carla Cecarello agrega que la pornografía es algo que no tienen nada de espontáneo, no es inherente del ser humano y “por ese motivo, conduce a frustraciones y a un alto grado de ansiedad”.

Libérese de ese mal

Renato y Cristiane revelan también que el primer paso para resolver el problema con la pornografía es que la persona reconozca la adicción y sea consciente de que necesita detenerse. “La mayor vergüenza no es ser adicto a la pornografía, sino mentir, negar, intentar tapar el sol con un dedo y no buscar ayuda”, dice el conductor. “Cuando una persona quiere cambiar, dice que está con un problema y muestra humildad en relación a la situación”, completa.

La entrevistada Julia, citada al comienzo de la nota, está soltera y dijo que ya siguió el primer paso: reconoció que tiene ese problema. La joven confesó que no es adicta como antes, pero aún sigue siendo rehén de las páginas pornográficas. “No las veo todos los días, solo ingreso cuando me dan ganas. Pero estoy parando con eso”, asegura.

Libérese de una vez por todas de esta adicción diabólica. Participe este viernes, puede buscar una iglesia más cerca de su casa, haciendo clic aquí.

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