Su contenido interno y cómo este determina su éxito o fracaso

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Dos personas pasan por la misma experiencia traumática: la pérdida de un familiar; una tragedia; el diagnóstico de una enfermedad incurable; un despido luego de largos años de trabajo. La primer persona es radicalmente transformada y cambia su historia a una exitosa. La otra, entra en depresión y comienza un cuestionamiento sin fin de por qué le pasó todo eso y así deja de vivir.

¿Cuál es la diferencia entre estas personas?

Es su contenido interno. Lo que tenemos adentro es lo que determina nuestras vidas. Vale repetirlo: nuestro contenido interno es lo que determina qué tipo de vida tendremos. Esto vale para el tipo de reacción ante una experiencia traumática y para todo lo demás que hacemos.

Entonces, ¿qué define este contenido interno?

Sí, es un conjunto de varias cosas. Pero todas estas cosas son construidas adentro nuestro por la combinación de una sola partícula: la palabra.

¿Qué es una palabra? Una palabra es un significado, una expresión de una idea o parte de una idea.

La elección de esas palabras, la calidad de ellas, y cómo las formamos en nosotros es lo que forma nuestro contenido interno – quiénes somos. Y quiénes somos determina cómo reaccionaremos delante de las buenas y malas situaciones.

Si usted está postrado, caído, deprimido delante de las situaciones de su vida, eso es el reflejo de un pobre contenido interno. Usted necesita reorganizar ese contenido, quitar las palabras y significados negativos que formaron esa debilidad adentro suyo.

Substituya esas palabras por las proferidas por Dios a su respecto. Realice un cambio.

Quite los pensamientos de enojo contra las personas y coloque pensamientos de perdón y confianza en la justicia de Dios.

Quite las palabras que lo hacen sentirse inferior y coloque palabras que definen su valor.

Y así en adelante.

Dios tiene las palabras precisas para formar el mejor contenido interno en usted. Pero usted necesita querer y buscar estas palabras. Y también rechazar las negativas, que no provienen de Él.

Fuente: renatocardoso.com

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