Su fuerza está en la consagración a Dios

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¿Cuál es el secreto para vencer todas las luchas y problemas y ser una persona fuerte espiritualmente?

Aunque no sea reciente, el mensaje es una verdadera lección de fe para aquellos que desean verdaderamente ver a Dios en sus vidas.

La fuerza de una persona para vencer las luchas se ve en el empeño que ella tiene para obedecer a la Palabra de Dios. Mientras ella tenga fuerzas para andar en obediencia a la voluntad de Dios, también tendrá fuerzas para vencer los problemas, porque no hay barrera invencible para aquellos que tienen disposición para obedecer.

Pero, cuando ella pierde la fuerza para sacrificar y deja de andar en la obediencia a los consejos de Dios, ciertamente también le faltará la fuerza necesaria para vencer las luchas y los obstáculos que surgirán delante de ella.

Salomón, al construir el Templo, aplicó toda su fuerza y coraje, dedicándose y prestándole atención a todos los detalles para darle a Dios lo mejor de sí. Pero, incluso con todo el empeño y el celo que tuvo durante la construcción de Lugar Sagrado y después de la conclusión de la obra, presentándola a Dios, no hubo de la parte del Señor ninguna manifestación.

Aún faltaba algo para concluir todo lo que Salomón había hecho:

“Entonces el rey, y todo Israel con él, sacrificaron víctimas delante del Señor. Y ofreció Salomón sacrificios de paz, los cuales ofreció al Señor: veintidós mil bueyes y ciento veinte mil ovejas. Así dedicaron el rey y todos los hijos de Israel la casa del Señor” (1 Reyes 8:62-63)

Aunque el Templo ya estuviera listo, aún no estaba consagrado a Dios. Solamente cuando Salomón ofreció el sacrificio en el Altar de aquella Casa, es que fue, de hecho, consagrada al Señor. Sin sacrificio no hay consagración.

Tenga disposición para sacrificar

Lo mismo sucede con respecto a nuestra vida. Y, ¿qué significa ser consagrado? Significa ser separado para Dios.

Solamente aquellos que tienen disposición para sacrificar la vida, sacrificar sus voluntades, es que, de hecho, son separados para Dios. Mientras usted lleve una vida de sacrificio y renuncia será siempre una persona consagrada para Dios y Él promete poner Su Nombre dentro de usted. Como dijo Salomón:

“El Señor apareció a Salomón la segunda vez, como le había aparecido en Gabaón. Y le dijo el Señor: Yo he oído tu oración y tu ruego que has hecho en Mi presencia. Yo he santificado esta casa que tú has edificado, para poner Mi nombre en ella para siempre; y en ella estarán Mis ojos y Mi corazón todos los días.” (1 Reyes 9:2-3)

Tal vez, así como el Templo estaba listo, con todo en su debido lugar, su vida también esté toda en orden. Usted es una persona correcta, un cristiano ejemplar: ora, ayuna, lee la Biblia diariamente, es diezmista y frecuenta las reuniones de miembros. Por eso, no entiende porqué su vida no avanza, a pesar de hacer todo bien.

La respuesta está en la falta de disposición para sacrificar, renunciar a su voluntad para agradar a Dios. Ahí está la razón por la cual sus enemigos siempre prevalecen contra usted. Porque la fuerza para vencerlos está en su consagración, en su comunión con Dios. Si no hay sacrificio, no hay consagración, si no hay consagración no hay presencia de Dios y, sin la presencia de Dios usted será espiritualmente vulnerable a los ataques del mal y será derrotado incluso por enemigos más débiles que usted.

Hoy el Templo somos nosotros

No fueron el Arca de la Alianza ni los utensilios de oro, tampoco la oración de Salomón lo que consagró al Templo. La oración de Salomón no hizo que Dios descendiera. Fue cuando Salomón presentó el sacrificio en el Altar que Dios se manifestó y la consagración ocurrió.

Cuando hay consagración, está la presencia de la Santísima Trinidad y, cuando la Santísima Trinidad habita en una persona, por más que a los ojos humanos esa persona sea considerada débil, ella vencerá todo.

No basta ir a la iglesia, usted tiene que ser una persona consagrada a Dios. Los consagrados vencen, conquistan, se destacan, hacen la diferencia, porque tienen en su interior a la Santísima Trinidad. Entonces, el consejo que Dios nos da es que vivamos una vida de sacrificio. El secreto para que usted se destaque en este mundo de leones feroces es llevar una vida de obediencia, de sacrificio.

Si Dios no ha aparecido en su vida es porque usted no está haciendo lo que debería hacer.

Cuando Salomón fue a Gabaón a ofrecerle a Dios los mil holocaustos, en aquella misma noche Dios se le Apareció y le dijo:

“Subió, pues, Salomón allá delante del Señor, al altar de bronce que estaba en el tabernáculo de reunión, y ofreció sobre él mil holocaustos. Y aquella noche apareció Dios a Salomón y le dijo: Pídeme lo que quieras que Yo te dé.” 2 Crónicas 1:6-7

Dios no apareció cuando Salomón oró. Él apareció cuando Salomón sacrificó. No sirve de nada ser una persona de oración, si no vive una vida de obediencia a la Palabra de Dios. Si usted no sacrifica sus voluntades, no renuncia al pecado.

Es importante observar que Dios solo apareció de nuevo a Salomón cuando él sacrificó nuevamente, y un sacrificio aún mayor. Primero él Le había ofrecido a Dios mil holocaustos, después él sacrificó 22 mil bueyes y 120 mil ovejas.

Es decir, Salomón no se limitó en ofrecerle a Dios siempre el mismo sacrificio, él hizo mucho más allá de lo que ya había hecho, por eso, Dios nuevamente se le apareció.

¿Cuándo apareció Dios en su vida? Si hasta hoy Él no apareció es porque aún no hubo un verdadero sacrificio.

O tal vez ya haya tenido esa experiencia, pero, hace mucho tiempo que no sucede algo extraordinario en su vida. Usted nunca más vio a Dios. Porque quizás usted Le ha presentado a Él el mismo sacrificio, año tras año.

Si su vida no cambió del lado de afuera es porque aún no cambió del lado de adentro. Falta una decisión delante de Dios. El sacrificio de la obediencia y de la renuncia demuestra su voluntad de quererlo de hecho.

¿Usted quiere? Entonces demuéstrelo.

(*) Texto basado en un mensaje del obispo João Leite durante una reunión en la Catedral Mundial de la Fe, en Río de Janeiro.

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