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¿Existe algo más gratificante para los padres que ver a sus hijos en los caminos de Dios y utilizando la mayor herramienta de aproximación a Él, la oración?

Pero como nadie nace sabiendo, enseñarles a los niños a orar es una función exclusiva de los responsables, y el ejemplo, o sea, la referencia que él tendrá, sin dudas, siempre será de los padres.

Seguir la misma fe y hacer todo como lo enseñamos, realmente, nos llena de orgullo, pero, ¿cómo enseñarles a tener el hábito de la oración desde pequeños y a aproximarse a Dios?

No existe una fórmula para eso, pero el hábito de ir a la iglesia, por ejemplo, independientemente de la edad, es muy importante, pues, como todo niño, él siempre está observando lo que sucede a su alrededor. Así, ella adquiere el hábito, se familiariza con el ambiente y, claro, imita a los padres, inclusive, en la forma como oran.

Janete Silva, de 45 años, recuerda bien los “primeros pasos” en la fe de su hija, que hoy tiene 13 años. Acostumbrada a llevar a la niña desde bebé a la iglesia, ahora ve grandes resultados en su vida.

“Ella tenía más de un año y, a pesar de apenas saber hablar, ya cantaba las canciones que aprendía en la Escuelita Bíblica, claro que “a su manera”. Era gratificante ver su aprendizaje con las cosas de Dios aún desde tan pequeña”, comenta.

La niña creció con esta base, inclusive aprendió a orar y, hoy, garantiza la madre: “No es necesario decirle nada, ella ora sola”, reflexiona, haciendo mención de aquel versículo de la Biblia descripto en el libro de Proverbios 22:6 dice: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.”

La EBI (Educación Bíblica Infanto Juvenil) es el trabajo especial de la Universal realizado con los niños en toda Argentina y los países del mundo. Es una parte de la Universal y cuida especialmente a los pequeñitos de la Iglesia, realizando un trabajo admirable con ellos desde la guardería a la pre adolescencia.

Si usted padre, madre o responsable va a la Iglesia con el niño, no se preocupe. Existen espacios reservados para su hijo – separados por edad– Y, mientras usted participa del culto en el salón principal, él disfruta momentos agradables bajo el cuidado de las educadoras.

De esta forma, todos ganan: usted, que puede concentrarse en la reunión, y su hijo, que aprende más al respecto de las cosas de Dios.

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