tentacion

Caerse, nadie quiere. Usted se hace daño, se ensucia, siente vergüenza, se queda literalmente hundido… Y no es coincidencia que justamente ese es el término que se usa para describir la acción que antecede a la tentación (caer en tentación). Pero no toda tentación se viste de rojo. Normalmente hay una conexión casi inmediata entre la palabra tentación y alguna imagen sensual, picante o de tono sexual. Pero eso es lo que fuimos inducidos a pensar. En realidad, ella tiene varias caras, y va a adoptar la forma en la que más te atraiga, la que servirá de cebo.

Hoy, conversando con la madre de un adolescente, ella me contaba como se vio tentada, y conseguimos juntas encontrar un denominador común, algo que está conectado a la situaciones rutinarias que pasamos – las tentaciones maternas.

Trate de imaginar la escena: Su hijo está en el cuarto, viendo un vídeo. Usted entra a limpiar y escucha una canción que conoce, y comienza instintivamente a tararearla.  De pronto él te habla que no quiere oírte cantar esa canción, que quiere escuchar al cantante – o algo parecido…

Duele, sí. Usted se lastima, se siente no respetada no tanto por las palabras, pero por la actitud grosera. Le mira y piensa como puede ser tan ingrato, quiere decirles unas cuantas palabras y echarle en cara que usted no lo cargó 9 meses en la barriga para que le trate de esa manera. Porque sí, forzádamente lo convence del error, y le obliga a arrepentirse. Es ahí que usted cae, lentamente, en la tentación de hacer un papel que no es el suyo, ocupar un lugar que no le pertenece, y tenga un 100% de certeza de que esa actitud será usada contra usted.

Tentación nº 1: Convencer del error.

El instinto maternal nos lleva a no querer ver a nuestros hijos con esta fea imagen que ellos mismos gestan cuando se equivocan. No queremos esperar a que ellos, por su propia voluntad, piensen en el error que cometieron y que busquen el arrepentimiento sincero, y cuantas y cuantas veces entorpecemos el proceso y tenemos que pasar por la misma escena, por el mismo dolor, por la misma discusión 1, 2, 10 veces!

Esa madre que tarareaba decidió… agarrar el móvil del hijo, tragó saliva que descendió quemando por la garganta, y fue en silencio para la cocina. Ella esperó, cuando el hijo echó de menos su teléfono, y vino hasta ella, ella lo hizo pensar, con sólo una pregunta, si a él le gustaría ser tratado de aquella manera por alguien – cuando él respondió que no, ella sabiamente concluyó – entonces no lo hagas con los demás.

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