Tome ya su decisión

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Es natural que muchos lleguemos a la iglesia en búsqueda del alivio prometido por el Señor Jesús. No hay nada de malo en eso, pues fue Él mismo quien dijo: “Vengan a mí y yo os aliviaré”. Llegamos porque necesitamos alivio, ayuda, auxilio, sanidad, liberación, prosperidad, etc.

Es impresionante ver los testimonios de personas recién llegadas a la iglesia, que en el inicio experimentaron varias demostraciones del poder de Dios en sus vidas. Reciben efectivamente alivio, ayuda, auxilio, sanidad, liberación y llegan a mejorar en diferentes aspectos, pero lamentablemente llegan sólo hasta ahí. Y ocurre que de un momento a otro parece que las cosas buenas dejan de suceder, más bien, es como si todo se volviese más difícil e inexplicablemente complicado. Entonces surgen las preguntas: ¿Qué pasó? ¿Habrá Dios perdido su poder? ¿Habrá dejado de quererme?

En realidad el poder de Dios jamás se acabará y en ningún momento nos dejará de querer. Lo que sucede es que ha llegado el momento de tomar la decisión.

Opción A – Seguir siendo un visitante y observador sin compromiso.

Opción B – Reconocer sus pecados, entristecerse y arrepentirse por ellos, confesarlos, abandonar y odiar el pecado. Bautizarse en las aguas, volverse para Dios con sus diezmos y ofrendas. Dejar atrás todo resentimiento de las personas que le hicieron daño. Alejarse de las malas compañías que perjudican su relación con Dios. Guardar las enseñanzas del Señor Jesús y ponerlas en práctica, amándolo a tal punto que Él sea el primero en su vida. Considerarlo como el más importante que todo y que todos. Y AUNQUE CAMBIE DE PASTOR Y VENGA OTRO PASTOR CON QUIEN TENGA QUE ACOSTUMBRARSE, USTED NO VA A ABANDONAR LA IGLESIA.

Al decidir correctamente, usted se pone en el Camino y andando así no tardará en tener un verdadero encuentro personal con Él. El propio Espíritu Santo le presentará al Señor Jesús sin intermediarios y usted lo conocerá por una experiencia personal con Él.

El pastor vive y se desvive para eso, para llevarle a un encuentro con Dios. Es como si le acompañase a una consulta con el doctor, le dejará cara a cara con el médico y luego dará un paso atrás para que usted diga al doctor todo lo que siente y así escuche todo lo que necesita oír. Lo más maravilloso es que este Doctor no necesita de pastillas, antibióticos ni bisturí, Él cura solamente con el poder de su presencia.
Tome ya su decisión y deje de ser un simple visitante en la iglesia. Salga de la posición de observador y entréguese de cuerpo, alma y espíritu.

Dios tiene planes maravillosos para su vida en este mundo y cuando su tiempo se acabe aquí, tiene para usted vida eterna en su Reino Celestial.

Obispo Agnaldo Silva

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