Un hombre mata a su hija y se suicida por “amor”

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El tailandés Wuttisan Wongtalay y su hija Beta, de 11 meses, están muertos. Ambos perdieron la vida el 24 de abril pasado, y todas las personas que seguían el Facebook del hombre, a las 17:45 de esa fecha, pudieron ver lo que sucedió.

Primero Wongtalay hizo que su hija tomara una bebida sedante y psicotrópica llamada kratom. A continuación, él mismo ingirió la sustancia. Wuttisan, entonces, ató una cuerda alrededor del cuello de la bebé y la tiró desde lo alto de un edificio, en la isla de Phuket, al sudoeste de Tailandia. Después del homicidio, el hombre, de 20 años de edad, se ahorcó.

Los motivos

La novia de Wongtalay y madre de Beta, Jiranuch Trirat, de 21 años, llegó al departamento alrededor de las 18:30 y no encontró a la bebé ni al muchacho. Para descubrir dónde estaban, lo llamó a su celular, y como no atendió, la joven verificó el Facebook.

El video de lo que había sucedido estaba online, y así permaneció aproximadamente por 24 horas, antes de que Facebook lo excluyera. A la policía, Trirat le contó que su novio sospechaba de la infidelidad de su parte. Durante la madrugada anterior, él intentó matarla. Asustada, ella huyó de casa dejando a su hija atrás. Cuando regresó, descubrió la tragedia.

La policía le informó a la agencia de noticias Reuters que Wongtalay estaba teniendo una crisis de paranoia que su mujer lo dejaría y que ella no lo amaba.

Lo que faltó en Wongtalay

No es raro que hombres y mujeres practiquen crímenes y lo justifiquen por el “amor” que sienten. Las personas cometen homicidios y suicidios cuando una relación llega a su fin. Ese sentimiento que los impulsa, sin embargo, es muy diferente al verdadero amor, aquel creado por Dios, como explica el obispo Edir Macedo:

“El mundo no sabe lo que es amar, mucho menos lo que significa el amor, razón por la cual hemos presenciado tanta miseria, hambre, guerras, y toda suerte de destrucción y caos por los cuatro rincones de la Tierra. El amor al que este mundo le ha rendido culto es el apego al dinero, a las personas, a cosas, y a sí mismo.”

De acuerdo con el obispo, para que entendamos el verdadero sentido del amor, como Dios lo creó, es necesario primero conocerlo y obedecerlo. Y eso solo es posible a partir de la orientación que Su Palabra da:

“Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.” (Marcos 12:30-31)

Quien pone a Dios en primer lugar no se abate cuando una relación termina. Evidentemente la persona puede entristecerse, pero entiende que es posible vivir sin el otro, ya que Dios es su mayor amor. Y, lo mejor, ese amor siempre es correspondido.

“¿Por qué Dios exige ese amor incondicional y sobre todo, por encima de todas las cosas?” – pregunta el obispo Edir Macedo, y él mismo responde: “Porque es así que Él nos considera. Él es exactamente eso. Ese es el tipo de amor que Dios le ha delegado al ser humano. Tan grande fue Su amor, aprecio, cariño, consideración por el ser humano, que Él tuvo que arrancar de adentro de Sí mismo a Su Hijo Jesús y enviarlo al mundo para sufrir por la humanidad.”

Dios pone al hombre en primer lugar y, en respuesta, espera que el hombre haga lo mismo. Teniéndolo a Él sobre todas las cosas, nadie “pierde la cabeza” ante una dificultad, sea cual fuere.

Durante la reunión del Encuentro con Dios, que se realiza todos los domingos a las 7 y 9:30 a. m., en la Universal de Boulevard de Sabana Grande diagonal a la estación del metro Chacaíto, los pastores orientan sobre cómo utilizar la fe para transformarse en una persona inquebrantable.

 

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