Una amiga piensa que Dios no la oye más

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“¿Cómo hago para orar y tener la seguridad de que mi oración fue oída? Pues parece que Dios no me oye más.” – Amiga

Respuesta:

Antiguamente, antes de que Jesús Se sacrificara por nosotros, el velo del Santuario permitía que solo los profetas y sacerdotes entraran al tabernáculo y hablaran con Dios.

El pueblo permanecía en el exterior del Santuario esperando al sacerdote, que hablaría sobre lo que Dios le revelara. Pero hoy, después del sacrificio de Jesús, el velo del Santuario está rasgado.

¿Sabe lo que eso significa?

¡Libre acceso a Dios!

¡Es algo tan precioso y maravilloso! Usted y yo podemos, por el sacrificio de Jesús y a través de nuestra fe, entrar en el santuario y tener intimidad con Dios, hablar con Él frente a frente, ser amigos, y no estar más en la parte de afuera del santuario a la espera que alguien nos hable de Él.

Sea pastor, esposa, obrero, o quien fuere: Dios quiere estar cerca, tener intimidad con cada uno. ¿Qué es lo que llama la atención de Dios para que su oración sea oída? ¡La fe sincera!

Dios no le es indiferente a quien vive por la fe. Cuando usted ora, no deben ser palabras mecánicas o sistemáticas de un discurso decorado y hablado varias veces, de cualquier manera. Quien vive por la fe es sincero, transparente, humilde y, al mismo tiempo, osado para pedir, porque solo pide quien tiene el derecho de recibir. Si usted vive por la fe, de acuerdo con la voluntad de Dios, desviándose del mal y practicando el bien, incluso en medio de las luchas, problemas y humillaciones, permanece viviendo por la fe, volviéndose, entonces, la propia ofrenda.

Por eso, cuando ora, habla con Dios, con sinceridad, sus palabras tienen vida y Dios Se mueve. Provoco una respuesta y Su Palabra se cumple en mi vida y en su vida:

“Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan.” Lucas 1:13

El problema está cuando la oración es hecha de una forma indiferente, de cualquier manera. No vive por su propia fe; entonces, su oración se vuelve indiferente para Dios.

El poder para que su oración sea indiferente o no está en usted, en la manera en cómo vive.

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