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Ana no podía tener hijos, este era su gran dolor. Imagine vivir en una época en que la mujer sin hijos era considerada maldita, sin valor. Usted puede comprender la angustia que cargaba , no sólo dentro, sino también públicamente.

Penina su archirrival, la segunda esposa de su marido, era muy latosa, y le hizo la vida imposible. Su esposo trataba de amenizar la situación, trataba de equilibrarla. Él se sacrificaba por Ana, grandemente,  pero ella todavía era la misma: la estéril, la deprimidas, la frustrada. Su amor no se suministra a su humillación.

El sacrificio ritual se repitía año tras año, pero la vida de Ana seguía siendo la misma – incompleta. Ella lloraba, no comía, cosas de ese estilo, y … nada.

Pero un día, Elcana, su marido,tocó en la herida con una pregunta que fue el combustible para la explosión de fe que había de venir. Y fue entonces que ella comprendió que incluso el luchando por ella, y esforzándose por ser mejor que diez hijos, nunca podría suplir el sueño que ella tenía.

Ana fue al altar, a solas, luchando con Dios.

Allí ella le dio quién era ella, lo que tenía, y su mayor sueño. Allí Ana cambió su trayectoria. Ella no sólo derramó su amargura – la seguridad de que el voto que hizo era tan grande que su rostro se transformó. Ella ya no necesitaba llorar más.

La tradición religiosa y dependencia nunca trajeron la respuesta, pero cuando ella entregó su todo, su vida cambió. Ella no había recibido hasta ahora porque nunca había depositado en Dios su 100%. Dicho sea de paso, ella se apoyaba  en el sacrificio de su marido ☹

No puedo esperar el todo de Dios si no entrego mi todo.
Es imposible que Dios no honre a aquellos que están dispuestos a derramar no sólo lágrimas, sino lo que representa su propia existencia.

Ella tuvo a su primer hijo, Samuel, quien llegó a ser un gran profeta de Dios. Lo entregó en el Altar de Dios, como había determinado en  su voto, pero incluso habiendo entregado su sueño, no lo consideraba suficiente. Eso para mí es muy fuerte:

“Después de haberlo destetado, lo llevó consigo, con un novillo de tres años, un efa  de harina y un odre de vino, y lo trajo a la casa del Señor en Silo, aunque el niño era pequeño.  Entonces sacrificaron el novillo, y trajeron el niño a Elí. ” (1 Samuel 1: 24-25)

Supongo que había dolor por la separación, pero lo que ella sentía no la dominaba más. Ella lo veía una vez al año. Imagínese eso!

Pero incluso de lejos, su carácter hablaba sobre ella. El sacrificio y la la entrega moldearon a Samuel, porque a pesar de estar bajo los cuidados de Elí, un profeta de edad avanzada, y de sus dos hijos corruptos, el ejemplo de su madre habló más fuerte.

Ana me enseña cómo ser una madre 100% – lo que ella recibió del altar, ella lo devuelve a él.

PS – Ahh, Ana tuvo otros cinco hijos, hijos que eran bendiciones del Señor para ella. ¿Y de tal Penina? Nada más se supo de ella.

Colaboró: Elisângela Warrior

www.cristianecardoso.com/

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