Una persona, dos realidades

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Todos tenemos dos realidades, la nuestra y la de Dios. La nuestra es aquella que estamos viendo, viviendo, cercada por nuestros familiares, amigos y conocidos. Donde los problemas son reales, las luchas constantes, las situaciones imposibles están por todos lados, y los desafíos nos ponen a prueba a todo momento. No sirve que alguien diga que es diferente, no da engañarse a sí mismo, es nuestra realidad y listo.

Por eso existe dificultad cuando se presenta la fe en el Señor Jesús como solución para cambiar de vida. Es como si una voz dijese: “Todo eso que usted está oyendo es muy bonito y hasta es interesante, pero no se olvide de su realidad”.

Abraham vivía con su familia, sus parientes y sus amigos, estaba establecido en la tierra de Ur, esa era su realidad. Un día Dios Se le apareció y, en otras palabras, le dijo: “Deja todo y ven a Mi realidad”. Él no dijo ni sí ni no, simplemente partió, lo consideró como una orden de Dios.

Abraham estaba feliz, pues todo lo que Dios le había prometido había sucedido. Las promesas se habían cumplido, había prosperidad, donde el ponía las manos era bendecido, había valido la pena dejar todo para oír la voz de Dios, parecía que no faltaba nada más, y no necesitaba que nada más sucediera, esa era su realidad.

Un día, Dios le dijo: “Toma a tu hijo, que tú amas, y sacrifícalo a Mí”. Una vez más Dios lo llamaba para dejar su realidad y entrar en la realidad del Reino de los Cielos. El final usted ya lo conoce, si no, lea Génesis 22.

La realidad es la siguiente: Si usted está cansado de ver personas contando las maravillas de Dios en sus vidas, testimonios y más testimonios de personas que fueron transformadas, haga lo que ellas hicieron.

¿Por qué nosotros somos hijos de Abraham en la fe? Porque obedecemos. Esa fe de la obediencia a la Palabra de Dios es la que va a sacarlo de su dura realidad hacia la realidad de Dios. Usted pasará de la “i” de los imposibles a la “p” de los posibles. Sin embargo, la decisión es siempre nuestra.

Inclusive hemos visto personas que pasaron algún tiempo viviendo en el Reino de los Cielos, pero sintieron nostalgias y volvieron a su realidad, no es necesario ni mencionar que sus vidas son un verdadero infierno.

Fuente: bispomacedo.com.br

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