¿Usted oye o habla más?

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Hablar, hablar y hablar. ¿A quién no le gusta anunciar sus propias conquistas, contar sus experiencias del día, compartir angustias o explicar con detalles lo cuán especial fue ese viaje de vacaciones? Hay personas que no pierden la oportunidad de narrar todas sus historias y aventuras y llegan a incomodar incluso a los oyentes más pacientes con tanta charlatanería.

El problema es que en medio del intenso blá-blá-blá muchas palabras importantes pasan desapercibidas y otras ni siquiera llegan a ser dichas. El ansia de hablar toma todo el espacio necesario para oír. Muchos no logran ni siquiera comprender lo que Dios dice.

La crisis de quien no es oído es tan grande que muchas personas usan como recurso para desahogarse la conexión a celulares y computadoras. Se limitan a digitar sus pensamientos más íntimos en las redes sociales, con las esperanza de recibir varios “Me Gusta” como señal de incentivo.

¿Egoístas o desatentas?

¿Por qué a tantas personas les gusta hablar de sí mismas, pero pocas logran escuchar? Los apuros del día a día y una buena dosis de egoísmo hacen con que ellas simplemente dejen de interesarse por el problema de los demás. Se concentran tanto en sí mismas que se vuelven demasiado individualistas como para dedicarles tiempo a sus amigos.

No saber oír también es una prueba de arrogancia, o sea, significa que existe una creencia de que lo que ellas dicen es más importante que cualquier otra cosa. Esa actitud incluso demuestra falta de respeto y exceso de orgullo.

Otro ítem que le impide a muchas mujeres oír es la falta de sensibilidad. En este caso, observar sus propios comportamientos ayuda a desarrollar la percepción. Un levantar de cejas, unas manos que se mueven sin parar o unos hombros retraídos pueden indicarle a alguien que solo está esperando una oportunidad para desahogarse. ¿Usted sería capaz de notar eso?

Entrenamiento para oír

Saber oír es un arte que puede ser desarrollado con un poco de buena voluntad y dedicación. Primero, es necesario saber hacer silencio y oír la voz interior. Controlar la ansiedad, cultivar la humildad y controlar la lengua son otros requisitos de gran valor al momento de oír. Antes de salir encajando su vida en cualquier tema, intente darse cuenta del momento más adecuado y sea generosa para compartir su tiempo. Tener a alguien que nos escuche es muy importante, ¿no es así? Pero, si a todos les gusta la atención, nada mejor que compartir e intercambiar experiencias. Quien aprende a oír se conoce mejor y logra atravesar con sabiduría las más diversas situaciones. ¿Y usted? ¿Limpiará sus oídos y se preparará para oír de verdad? Vea abajo los cinco consejos para comenzar este desafío.

Cinco consejos para aprender a oír

1 – Elija a la persona correcta para oír. Hay personas que no se merecen ser oídas, mientras que otras necesitan y deben ser oídas.

2 – Oiga sin hacer prejuicios y sin prisa. Sea paciente y busque comprender lo que oye para poder ayudar.

3 – Todos los días, separe algunos minutos para quedarse en silencio e intente controlar la ansiedad

4 – Pídale a Dios que hable con usted. Oiga lo que está a su alrededor y observe los sonidos de la naturaleza.

5 – Cree situaciones para poder oír. Siéntese al lado de una amiga y pregúntele cómo está, coordine con ella para tomar un café o salir a dar un paseo en el parque.

Fuente: cristianecardoso.com

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