Voz que clama en el desierto

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He aquí Yo envío Mi mensajero delante de Tu faz, el cual preparará Tu camino delante de Ti. Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del SEÑOR, enderezad Sus sendas. Marcos 1:2-3

Esta es la primera promesa del libro de Marcos y la única cita del Antiguo Testamento. El libro de Marcos no es una biografía de la vida de Jesús, pues no entra en detalles sobre Su familia o carrera. En vez de eso se concentra en lo que Él hizo, en Su poder y en la diferencia que Él hizo en la vida de las personas. Marcos no presenta un Jesús de enseñanza, sino un Jesús de acción.

Curiosamente, el libro está escrito en tiempo presente, como si Marcos fuese un reportero y nosotros sus oyentes. Como si nosotros estuviésemos viendo en vivo al Señor Jesús. Marcos quiere transformar al lector, en vez de informarlo. Él quiere que el lector conozca al Señor Jesús no por el Antiguo Testamento o por explicaciones, sino por las cosas que Él hizo: liberación, curas, milagros y vidas transformadas, inclusive las de Sus discípulos.

En el versículo anterior, Marcos habla de que Juan Bautista era un mensajero enviado delante de Jesús para preparar Su camino. En los tiempos antiguos, como en los de hoy, siempre que un rey visitaba una ciudad o un país, su llegada era anunciada con anticipación y las personas respondían preparando las calles y las comunidades para la tan esperada visita del rey. Eso era hecho no solo para hacer más confortable el viaje del rey, sino también para darle la mejor impresión de esa ciudad o país. Tres autores de las Escrituras y un profeta proclamaron la llegada del Rey de reyes: Isaías, Malaquías, Juan Bautista y Marcos.

Si queremos más de Dios en nuestras vidas, si queremos más de Su poder y de Su presencia, el profeta Malaquías dice: “Aproxímese a Dios y Él Se aproximará a usted” Malaquías 3:7. No solo debemos preparar el camino para Él, sino también hacerlo con rectitud. Aproximándonos a Él con nuestros pensamientos y actitudes, por la forma en que vivimos nuestras vidas y tomamos nuestras decisiones.

Cuando ponemos a Dios en primer lugar, estamos clamando por Su Presencia. A medida que trabajamos para limpiar nuestras vidas y reparar nuestro comportamiento para agradarlo, el Espíritu Santo nos prepara para que conozcamos al Señor Jesús por medio de su Voz clamando en el desierto.

Fuente: bispomacedo.com.br

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