¿Y si me caso con alguien de otra fe?

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Él parece perfecto. Es lindo, inteligente y muy ubicado, solo falta algo. No es el carácter, porque él es una persona generosa y siempre ayuda a los que están a su alrededor. Es trabajador, el yerno que mamá Le pidió a Dios. Ah, pero, un momento, ¿y Dios? Exactamente eso. Él no tiene la misma fe que yo. Vaya uno a saber en qué cree.

¿Cuántas mujeres ya vivieron ese dilema? Ceder al corazón y comenzar una relación con alguien que no tiene la misma creencia que usted. Y que no la quiere tener. Esa cuestión es delicada, porque aquí no entra en juego si el pretendiente es “una buena persona”. Definitivamente no, ese no es el “quid” de la cuestión.

Para ejemplificar, podemos pedirles una ayudita a los judíos. Para ese pueblo el hecho de casarse con alguien que no profesa la misma religión es una pesadilla para los padres y un escándalo enorme dentro de la comunidad judía. La explicación es muy simple: cuando usted es guiado por el corazón, se olvida de la razón. ¿Cómo es posible construir un hogar unificado cuando la pareja tiene visiones tan diferentes? Y, en este caso, no son aquellas “diferencias complementarias”, son diferencias que guían hacia caminos opuestos. ¿Cómo caminar juntos si los caminos no son los mismos? Si la pareja pretende tener hijos, ellos crecerán en una casa dividida. Tendrán dos opciones de fe y, al mismo tiempo,  no tendrán ninguna. Es tener que pedirles a ellos que elijan: “¿Quieres seguir al Dios de papá o al de mamá?”

El primer ministro israelí, Benjamín Netahyahu, ha sufrido con ese problema desde que su hijo Yair de 23 años, se puso de novio con la bella escandinava Sandra Leinkanger, de 25 años. Ella no es judía y los dos se conocieron en Israel, durante sus estudios universitarios. El noviazgo que le ha quitado el sueño a su padre encendió una discusión calurosa dentro y fuera de Tierra Santa. Abdicar de la cultura, de la crianza, de los valores y de lo que cree por un noviazgo puede no ser una elección sabia, si usted considera que Dios es eterno y que, la mayoría de las veces, los noviazgos son pasajeros.

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