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“Eso es una verdad que poquísimos padres consiguen entender, la mayoría cargan todo sobre los hijos, como si fueran ellos los culpables de toda su frustración y sus malas elecciones.

Mis padres están divorciados y viví 13 años (desde los 7 a los 20) escuchando a mi madre hablar de sus frustraciones, lo feliz que podría haber sido si no tuviera hijos, etc., como si eso no hubiera sido una elección de ella.

Con el tiempo mi madre me dio toda la responsabilidad de la casa, como si fuera mi obligación tomar las riendas de la situación, durante años a base de cobros me sentía culpable por todo lo que ella pasó de malo, y sólo después que fui a vivir a otra ciudad, analizando toda la situación, luché contra eso y me convencí de que nuestra vida es resultado de nuestras elecciones y, yo no podría acarrear con las de mi madre.

Las personas creen que por tener intimidad con la otra, tiene el derecho de hacer lo que quieren (por ejemplo, padres que no respetan a los hijos, y en el matrimonio también).

Pero vivir con una persona así es una tortura! Ningún hijo merece eso.” Comentario de Jessica, en el texto “Cabeza de chorlito”.

Gracias por el comentario Jessica, aquí está bien claro las consecuencia de un matrimonio deshecho – para ambas partes. Tanto padres como hijos se quedan sin rumbo, sin una dirección para continuar existiendo como familia, la base se desmorona.

Vea sólo como esa madre comenzó a mirar para tras, para aquello que perdió, lo que no realizó y lo que podría haber sido diferente. Eso es pérdida de tiempo, huir de la realidad. Delante de todas las situaciones de la vida, debemos mirar hacia adelante, proyectar, correr detrás de lo que está por venir. En definitiva, si los hijos ya existen, ¿de que sirve vivir soñando cómo habría sido la vida sin ellos? Lo más inteligente es luchar para que ellos tengan un futuro completamente diferente de la familia destruida que conocieron.

Tentaciones de mirar hacia atrás, todos tenemos – principalmente cuando ya no se soporta la carga, está pesando la frustración, la soledad, las responsabilidades.

Y la tendencia del ser humano es buscar a alguien para “compartir” ese peso que está sobrando en el equipaje.

Jesús sabía que pasaríamos situaciones así, constantemente, tanto que incluso Él dejó la invitación por escrito, específico para situaciones en las que estamos a punto de tirar la toalla: “Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar.” (Mateo 11:28)

Recuerde eso cuando comience a arrastrarse, y vea que no puede cargar a los demás.

Como Jessica bien expresó, incluso con las personas que tenemos intimidad, existe un límite de respeto.

Jesus ya dejó la puerta abierta, aproveche la invitación y entre.

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